Con mi cabeza en el exámen del Lunes, en cualquier otra parte bajo un cielo repleto de nubes raras.
Me han venido a la cabeza las conversaciones eternas, sobre dos botones en dos habitaciones distintas, los eternos debates democracia contra anarquía entre las flores de la plaza de san Idelfonso. Las también eternas visitas a las librerias. Excursiones al campo de Lina. Noches de verano jugando al Señor De Los Anillos. Café, café y más café. De Córdoba a Jaén, de Jaén a Córdoba, de Jaén a Granada, de Granada a Jaén. De Córdoba a Granada es demasiado caro. Y joder esto no está resultando nada artístico, no hay nada artístico en mi cabeza últimamente. Por eso necesito que volváis y me inspireis, echo de menos los infinitos abrazos de Rafa, los húmedos besos de de Lina, echo de menos a Guille con más constancia pero sobre todo echo de menos el orgasmo cósmico que formamos entre nosotros. Os echo de menos.
-elvira
Parece que nos estuviéramos disolviendo. Diluyendo y dispersando por el espacio de las ciudades y el tiempo de nuestra juventud como mantequilla untada sobre demasiado pan. Nuestras vidas parecen vectores que nos alejan más y más entre sí en una tendencia que destruirá todo lo que osemos construir para dar batalla al tiempo...
Pero esto, sencillamente, no es así.
Pedidme pruebas y os daré un abrazo.
Aun cuando los vectores arranquen de las estrellas su luz, de los mundos sus rocas y de las galaxias sus siluetas, seguirán reverberando en el vacío nuestras palabras, nuestros deseos, nuestros miedos...
Amigos, somos inmortales y, con nosotros, la Escuela de Bohemia.
P.D.:Os echo de menos, por supuesto, pero también los bohemios echaban de menos Bohemia. Solución, démonos todos a la absenta...
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domingo, 23 de enero de 2011
sábado, 25 de septiembre de 2010
Creación y Destrucción
Nubes violetas sacuden el horizonte. El sol se pone, otoño se alza. Una brisa fría sacude las hojas agonizantes y la humedad comienza a levantarse desde el suelo sucio. Cada vez más nítida, cada día más oscura, la ciudad se abriga y los paseos se eternizan.
Gritos anarcosindicalistas, risas enfermas, ensalada de pasta que no se gasta, hambre en las calles... El horizonte sigue vibrando como las tubas infernales de Hans Zimmer.
Medias a rayas, faldas negras, camisetas negras, collares y pulseras como ramas de rosal...
¿Miedo? ¿Aceptación? ¿Nostalgia anticipada? Llamadlo como queráis, pero ahí está. Esto ha nacido, puede seguir creciendo y puede ser grandioso. Pero caerá. Y tal vez caiga dentro de una semana o tal vez dentro de mil años. El decaimiento de los cajones olvidados, de la pátina de polvo sobre fotos ignoradas, de caras en las que ya no se piensa, de libros que ya no se leen. El oscuro pozo de la memoria, aquel al que arrojabas una piedra y nunca terminas de oir su caída... porque es infinita. El infinito decaer de las vivencias: las reuniones y quedadas que nunca serán repetidas, palabras cargadas de poder absoluto y de magia innegable que se pronuncian y nunca más volverán a ser pronunciadas. La fuerza de una mirada y la fuerza con que su recuerdo se aniquila y se pierde.
¡Permite que olvide! Pero permite, también, que olvide el sufrimiento de olvidar. O deja, si no, que reitere todo año pasado, que fue mejor, que rumie la vida una y otra vez. Deja que atrape una y otra vez la mariposa del caos, deja que destruya sus alas con mi curiosidad, con mi ira, con mi amor.
Los tres reunidos a la luz de las sombras amarillas de un café o pub alternativo, al abrigo de la frialdad del mundo, arropados con jazz. Pantocrator nos tocó a los tres con su mano bendita e hizo que esa tarde granadina de inconmensurable placer, de conversación perfecta, se convirtiese en única, irrepetible, en un orgasmo cósmico que se guarda en un cajón para poder permitirme el lujo, después, de pasar a verlo de vez en cuando para herir mi consciencia con su resplandor decadente.
¿Rol? No, aquello no fue rol. No sé qué fue para vosotros, pero para mí fue condensar un millar de vasos de agua, cien horas de felicidad, cuarenta millones de motas de polvo, ochenta cafés, en una sola tarde, una sola noche, una sola mañana.
Soy un absoluta nostálgico, sin duda. Y es estos días cuando más dispuesto estoy a abrirme a esta patética forma de dolor, por una sencilla razón, porque me he abierto a una fuente de felicidad que me lo da todo, absolutamente todo.
No, no dejaré pasar esta oportunidad. Planes, planes, planes, planes que lamentaré no ejecutar. No lo lamentaré dentro de cincuenta años, no me quiero permitir ese lujo. Me permitiré el lujo de lamentarlo en el momento. Si vosotros no os oponéis, no desaprovecharé la oportunidad de destruir las presas de mi imaginación y comenzar a construir, ahora, no mañana o dentro de un año, algo con lo que sueño. Algo con lo que algunos de vosotros soñáis.
Con piel de pergamino, manos temblorosas, ojos vidriosos y pelo blanco, quiero abrir un cajón y encontrarme con todo un legado, con un pozo sin fondo indestructible al que arrojar mi mirada... y nunca oiré tocar el fondo. Quiero contemplar la construcción, la ascensión, el triunfo, la caída y la destrucción de un millar de obras, contemplar la huella deleble que dejaremos en el mundo, saber que estuvimos aquí y que todo lo que hayamos hecho se perderá pero tendrá la apariencia de la estatua de un dios inmortal y todopoderoso en nuestro interior. Y quiero saber que yo he contribuido a crear ese legado de decadencia y de sufrimiento y de placer.
Bienvenidos a la Escuela de Bohemia
sábado, 11 de septiembre de 2010
Mephistopheles y las garras del caos
momento.
3. m. Lapso de tiempo más o menos largo que se singulariza por cualquier circunstancia. Este fue el mejor momento de su vida. Aquella guerra civil fue el peor momento del siglo.
5. m. Cualquier tiempo considerado como actual o presente. El momento internacional. Los poetas del momento.
Cruzas la penumbra de calles viejas y apestadas y te adentras en otras más jóvenes, es decir, ruidosas y atestadas de esos agentes de la entropía a los que damos en llamar personas. Y piensas así porque no puedes evitarlo. Sientes el sarcasmo en la punta de la lengua, el odio carcomiéndote las entrañas y cuanto más lo sientes más profundamente disfrutas la titilante luz amarilla, la suciedad, la peste de los contenedores, la estúpida ignorancia de las gentes de la noche. Esquivas las personas como no puedes esquivarlas en otras situaciones, con asco, con verdadera repugnancia, sintiendo el repunte del gusto a superioridad, de inferioridad numérica. Cobras consciencia de tu papel. Son todos ellos contra ti, tú contra todos ellos. El Universo y tú. Cierras los ojos apenas un segundo y sigues avanzando. Llevas todo el camino golpeteando el mármol, el cemento, el ladrillo, la roca, la pintura, la escayola, el yeso, la pizarra, la madera y el metal de la parte de las fachadas que están justamente a la altura de tus nudillos. Tus nudillos conocen la textura de la ciudad, su extrema dureza... Qué puto asco de todo. Pero lo disfrutas, te intenta decir algo y lo disfrutas.
Sales al balcón. Te quitas las gafas porque te impiden admirar la concreción, la nitidez de la realidad. Los chirriantes frenos de los coches que se suceden en amplia sucesión, el pausado devenir de las hojas de los árboles que guardan toda la avenida, el leve fulgor de los ladrillos de la fachada de un colegio, el lejano brillo de las luces en los bloques del otro lado de la calle. La temperatura ha bajado, los colores se vuelven más agresivos, las sensaciones, más agudas, las estrellas, siguen igual. Es interesante lo que uno puede aprender mirando la realidad desde un balcón. Es interesante lo poco que se aprende.
Flores en el ático, Horizonte Final, Al final de la escalera, El último escalón y El Sexto Sentido protagonizaron el tiempo que los tres pasamos caminando entre la zona de marcha y su casa. Miedo, más o menos psicológico, que se introduce en algún punto de tu cerebro y desde allí emana sus negras energías que confundes con placer. La oscuridad llama a tu puerta. Pero no la verdadera oscuridad, la de las formas de un esqueleto asomando entre la piel tensa de un niño famélico y agonizante en la cuna de la humanidad, no la oscuridad que le susurra a un hombre "si no puede ser tuya, entonces no va a ser de nadie"... No, no esa oscuridad, sino su versión 'light', 'soft', su hermana menor, una mentirijilla, una máscara... La sangre, reseca, incrustada en los glifos de la superficie de un altar de sacrificios de piedra, la mirada vacía de un cráneo que te vigila desde una repisa, el eco de unas palabras infames, el retumbar cavernoso de los cánticos que abren la puerta a las disformes entidades de dimensiones sin nombre. En fin, esa oscuridad. Esa oscuridad hace mella en ti. Su elegancia, su absoluta e innegable capacidad para hacerte vibrar con su mezcla de miedo y admiración.
Sientes florecer de nuevo ese curioso gusto por el silencioso retumbar del corazón de las tinieblas mientras los tres subís a un paso elevado, que hace sombra a las ya en sombra vías de hierro. Noche cerrada, como quien dice. Por el otro lado del puente sube y se acerca una buena muchacha. Muy buena, piensas y opinas. Colgantes plateados, indescifrables, abigarrados... escote de piel blanca como los hombros blancos como la cara blanca. Prendas negras como el abismo sobre la ciudad y como el pelo que cae al aire húmedo y caliente...
El primer "momentum" es uno recurrente, que asocio a las noches de Jaén en que, a veces, me encontraba solo durante unos minutos durante los que me desenvolvía entre la gente, dando rienda suelta a mis extraños davaneos mentales. Tal vez una de esas noches saqué la lluvia de alabardas de mi cráneo.
El segundo es muy simple. De vez en cuando salgo al balcón de este magnífico piso, miro afuera, me quedo ahí unos minutos y vuelvo adentro. Para construir metáforas y estrujarse el cerebro siempre hay tiempo.
El tercero es de una curiosa noche de la temporada que pasamos Iñaki y yo en casa de Alchemyca y salimos con su bizarra gente.
En fin, ahí os dejo eso. Me voy quedando poco a poco sin orgasmos cósmicos que desgranaros, pero no tengo problema en seguir buscando algunos nuevos...
Quería desarrollar más el nombre de esta entrada, las garras del caos... Pero esperaré un poco y me permitiré el lujo de construir un relato corto que se pueda publicar en una sola entrada, en que intentaré mezclar todo mi universo metafórico y las entidades lovecraftianas y las aspiraciones de Álex para con ciertos proyectos...
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